
Hay quien dice que somos lo que comemos, y no diré yo que en lo que atañe a la biología no sea así. Pero en lo tocante al pensamiento o a la razón, somos el producto de cientos de años de historia y de costumbres, y hemos llegado hasta aquí con el zurrón cargado de conductas atávicas que, de manera inconsciente, repetimos.
En 1478 los reyes católicos instauran la inquisición española, con Torquemada a la cabeza y un grupo de funcionarios. Su principal papel era descubrir la falta de verdad en los nuevos crisitanos, osea, los judíos conversos. Aprovechando la coyuntura, persiguió también a brujas, protestantes, herejes, masones y a los seguidores de la ilustración. Fue abolida, tras un periodo guadiana, en julio de 1834, hace escasos dos siglos, por lo que es natural que todavía nuestros genes traigan en el adn recuerdos de esos tiempos.
Las audiencias de televisión nos muestra que a los españoles nos gustan los lichamientos, los sucesos, los cadáveres ...en definitiva, ver imágenes innecesarias que alimenten el morbo, algo que se lleva mucho y que cualquiera te niega si se lo preguntas.
Por eso cuando algún político, empresario, deportista o cualquier persona que entendemos tiene éxito y vive bien, es acusado de algún delito, nos sobra tiempo para condenarle.
Da igual que no tengamos datos, ni siquiera que el que lo publique sea ese periódico al que hemos llamado libelo mil veces diciéndo que mentía en todas sus informaciones. Nos sale el inquisidor que llevamos dentro y empezamos a prepar la hoguera.
Algunos historiadores creen fervientemente que la inquisición fue la causa de que España quedase al márgen de las corrientes culturales, científicas y filosóficas que transformaron Europa. Y no tanto por la leyenda negra de las muertes y torturas, que al parecer no fueron ni tantas ni tan distintas a los de los civilizados vecinos europeos, sino porque la institución dedicó mucho tiempo y esfuerzo a levantar una cápsula anticontaminante de todo lo que no nos fuera propio.
Tal vez ahí se generó el "España es diferente" que todavía hoy nos acompaña.
Lo de la financiación opaca es un catecismo viejo y conocido, y parece que ninguno de los partidos está dispuesto a hacer las cosas que deben, por si pierden en el trato. Es lo mismo que el futbol que se niega a disponer de todas las tecnologías existentes para evitar fallos de árbitros garrafales. Lo que se impone es seguir pudiendo manejar el cotarro.
Ahora aparece un señor que dicen tenía millones de euros en suiza y saca unos apuntes donde están escritos unos nombres, el más impactante el del presidente del gobierno, y unas cantidades cobradas.
Y al grito de Torquemada nos disponemos a lanzar a la hoguera a todos los nombrados y, ya de paso porque hay muchos que si hubieran podido lo hubieran descabalagado desde el día siguiente de las elecciones, a todo el Gobierno.
Aún no sabemos de qué va la vaina, pero ya los hemos sentenciado:son culpables.
Y no digo yo que no lo sean, que no me parece raro. Aunque tampoco puedo decir que si lo son. Por lo tanto espero, prudente, las pruebas que se aporten.
Porque..¿qué pasaría si todo ésto fuera una manera de que el que tiene los millones en suiza se curara en salud? ¿o si fueran unos apuntes propios que luego están igualmente especificados en las actas que tiene el Tribunal de Cuentas? ¿o si alguien los hubiera escrito hace una semana para poner contra las cuerdas a un partido y al propio Ejecutivo?
Que la masa, que no tiene ojos ni cerebro, dicen, se exalte puede resultar hasta comprensible. Que los periodistas que son líderes de opinión se atrevan a decir lo que les viene a la boca, sin tener pruebas que lo avalen, me resulta francamente incomprensible.
Si después de todo este barullo la cosa quedara en nada, nadie desandaría lo andado. Muchos pensarían que hay conchabeo con la justicia (algo por otro lado bastante factible, porque lo hay),y otros se indignarían aún más porque, seguros de que el delito existe, no había tenido castigo. Lo que es seguro es que los que más leña han echado al fuego utilizarán el si dije digo digo Diego con total arrogancia.
De mi etapa en televisión me han quedado muchas imágenes grabadas, pero ninguna recuerdo tanto como la de un pobre camionero acusado de matar a varias prostituas en Levante, a su entrada en los juzgados. Cientos de personas rabiosas le insultaban, querían pegarle, le escupían. El hombre agachaba la cabeza humillado y corría con las manos esposadas. Un año y medio después se detuvo al verdadero culpable, un jóven de aspecto amable que por la mañana trabajaba en una inmobiliaria y por las noches ejercía de depredador. El camionero perdió a su familia, su camión y su dignidad...y me temo que ninguna de esas honestas personas fue a pedirle perdón ni a tenderle una mano.
Ahora los insultos, los gritos y los voceros se transmiten por la red. El ADN de esta España que se llena la boca diciendo que todos somos inocentes mientras no se demuestra nuestra culpabilidad es mucho menos hipócrita. Sabe que trae en sus genes siglos de inquisición y saca al Torquemada que todos llevamos dentro ante el primer dedo que acusa.
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