hay días en los que apetece de verdad, de verdad, es meterse en la cama y taparse con el nórdico para no ver ni oir nada. Y en medio de la tormenta una, que ya está curada de espanto, se pone frente al ordenador dispuesta a desgranar su naúsea sin saber muy bien para qué o para quién.
Me lo decía hoy una amiga de esas descreídas: ¡todo el mundo tiene un blog! Estoy harta de recibir notificaciones...y lleva razón.
Ahora que todos los barcos se llaman titanic, que millones de personas luchan contra la realidad para mantener a flote su dignidad, que muchos nos queremos hacer chiquititos para no estar a la misma altura que otros, resulta que hay que exponerse, hay que materializarse en el mundo inmaterial de la gran red.
Yo creía que estabamos cruzando un puente colgante sobre acantilados de desprópositos, para dejar atrás todo aquello que nos trajo hasta aquí. De verdad que me he llegado a creer que un mundo nuevo renacería de tanta incomptencia y de tanta picaresca, que las cosas se pondrían en su sitio y recuperaríamos valores como la honestidad, la honradez o la lealtad. Pero no. Si las últimas décadas se han cartacterizado por el diseño, trayendo como resultado un mundo de diseño y unas gentes de diseño, los nuevos tiempos ya nos han devorado con otra mentira: las gentes 3.0
La carne encendida, la ternura o la rubeola se vuelven a apartar para dar paso a palabras escritas en un smartphone, una tablet o un ordenador portatil. Ahora vales según los followers, post, atom o widgets que consigas. Y los más admirados, los más valorados, son los que tienen mas seguidores en cualquiera de las plataformas desde las que comuniquen.
No se porqué me da que hemos vuelto a errar en el martillazo.
Las empresas y las personas de cierto renombre están dispuestas a comprar blogs o followers al precio que sea, con tal de figurar. Volvemos pues al viejo refrán de tanto tienes, tanto vales. Yo pongo los miles de euros que hagan falta y me llevo los seguidores necesarios para dar la impresión de estar arriba de la cadena alimenticia.
Tanto trabajo, tanta búsqueda de la verdad y vamos de nuevo derechitos a otro mundo de mentira. Y esta vez mucho más peligroso, porque viajan a una velocidad endiablada, porque uno sólo tiene que hacer click para seguir endosando el mundo de basura, porque el tiempo se ha convertido en un enemigo, y todo ha de ser rápido, sin mirarlo, sin analizarlo un instante.
Cualquier cosa que se lea se da por válida y vuela por la red contaminándolo todo.
Y mientras tanto los que queremos sentir las vibraciones de una mano, escudriñar en el fondo de unos ojos ese alma que vive en todos, vemos como la vida se nos escapa a través de un solo dedo.