martes, 15 de enero de 2013

CUANDO LA MALA EDUCACION SE JUSTIFICA


El ministro de Educación, José Ignacio Wert, no ha podido pronunciar este lunes la conferencia sobre "El reto de la educación" en Sevilla. Un grupo de unas cien personas le han recibido en la sala con abucheos y gritos de "Wert dimisión", "fuera, fuera" y "Universidad pública y de calidad".
El ministro ha dicho que estos actos justifican más que nunca una reforma de la educación, y ha llamado fascista al hecho de que no le hayan permitido expresarse. Los manifestantes dicen que le tratan como él los trata y se sienten satisfechos de la iniciativa "espontanea" de los estudiantes.  Preocupante.
Por un lado, me asusta esa indignación que pasa de la calle a las salas, que cercena cualquier argumento porque de antemano se ha desehechado. Ignoro los que habían acudido al acto dispuestos a escuchar, pero lo que está claro es que no han podido hacerlo.
Esta marea que nos quiere salvar es igual de totalitaria que la de los otros, los que nos quieren salvar desde los despachos, con la única diferencia que estos últimos han sido elegidos democraticamente, y eso les da un punto a su favor.
Cada español tiene su opinión y, lo más curioso, cada uno cree que su razón es la que vale. Somos un pueblo intolerante y apasionado, por más que nos pese, que nos dejamos llevar por las vísceras y somos capaces, por eso mismo, de los más grandes logros y de las más ruínes acciones.
Como en el futbol, muchos de los movimientos de los ciudadanos tienen su orígen en las soflamas de los "líderes", utilizando esta palabra para definir a los que pueden usar los medios de comunicación como altavoz para su demagogia.
No es de recibo justificar una actitud como la de ayer, ni para Wert ni para Chaves, ni para Rosa Díez, ni para nadie. Pero ya he oído a algunos periodistas de los autollamados progresistas hacerlo. Su capacidad para mirar el futuro es nula, porque se vive mejor en un presente calentito arropado por multiples trasferencias bancarias.
No hay sentido común ni altura de miras. El respeto a las ideas de los demás está por encima de cualquier cabreo incendiario. Abuchear a los políticos en la calle, a la entrada de un local o incluso al comienzo de un acto, puede tener su razón. Pero no permitirle expresarse nunca es justificable, ni por unos ni por otros, porque sólo sabiendo lo que piensan, podremos rebatirlo.
"Niño, ¿para eso me estoy gastando lo que me gasto en tu educación?", nos decían nuestros padres. España gasta mucho en educación, llevamos muchos años pagando unas cantidades muy altas para que nuestra juventud esté preparada. Tengo mis dudas en la bonomía del sistema en lo que a conocimientos se refiere, pero veo maleducados en cada esquina, y me niego a culpar de ésto sólo al sistema. No seré yo quien defienda a los políticos, no me dejan sus actuaciones, pero sí quiero reflexionar sobre el pueblo, la base de toda la sociedad, y lanzar una voz de alarma antes de que nos dejemos llevar por el rio de despropósitos que arrastra desde su nacimiento.



Mi lema es que antes de actuar, busquemos si nuestros actos revertiran de forma positiva en todos y cada uno de nosotros. Elegir siempre la opción que nos haga más personas, y conocer con exactitud lo que la palabra persona encierra. El ruido, a menudo, nos deja sordos para entender lo que nos rodea. Primero escuchar, después protestar.
Y aún siendo cierto aquel viejo dicho de que las palabras las carga el diablo, cuidado con silenciarlas, porque impedir que las palabras vuelen libres para que cada uno se cargue de su propia razón, es el principio de una batalla de actuaciones ciegas en la que todos saldremos heridos.

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