La inteligencia es el don mejor repartido, porque nadie se queja de la que tiene. Mas o menos esa es la traducción de una frase de Descartes que siempre me pareció lapidaria. Pero, ¿a qué nos debe llevar la intelegencia? ¿A conseguir éxito, dinero, reconocimiento social, tranquilidad, equilibrio? ¿O su fin principal es simplemente conseguir que seamos felices?
A pesar de las palabras del filósofo francés, no veo yo a mi alrededor un buen uso de la inteligencia..., o a lo peor, no hay tanta como presumimos.
Un vistazo a la prensa escrita, un poco de atención en los medios audiovisuales y, oh, Dios mío, una mirada oblicua en las redes sociales, me descubre que la felicidad no es el fin, ni siquiera el medio. Lo que veo es drama, drama al cuadrado o semilla de drama, palabras todas con un poso de desasosiego que me invitan a meterme en una cueva y profundizar en la tierra lo que el cielo me roba.
Las palabras transforman la realidad, las palabras nos ubican en un tiempo y en un espacio, y me temo que las estamos utilizando con demasiada ligereza.
Empiezo este blog con la intención de reflexionar sobre la realidad a pesar de las palabras, y con la esperanza de que mi mensaje cale en los cerebros y en los corazones de la gente.
La idea es reclutar un ejército de soldados de las palabras, que elijan con cuidado las que nos hagan más felices.
No se trata de evitar los hechos, sino de contarlos con menos dramatismo, y ahí los periodistas tenemos un trabajo por hacer, porque es evidente que el que estamos desarrollando nos quita la parroquia.
Los datos son contundentes, bajan los lectores y bajan los oyentes, a pesar de que los últimos estudios nos cuentan que nos pasamos más horas ante el televisor. ¿Pero cuándo fue a la par calidad y cantidad? ¿Tener la televisión encendia implica ver lo que en ella se pone, o mejor aún, escuchar lo que se dice? La oferta televisiva se ha diversificado de tal modo, que hoy los grandes éxitos se miden en porcentajes que no alcanzan el 20 por ciento del share. Sin embargo, los canales temáticos van ganando cuota de pantalla, tal vez porque huímos de las malas noticias, de las voces estridentes y de la basura mental.
Dice Rojas Marcos que la queja forma parte de la esencia del país, que si nos la quitanm nos quitan el diálogo. Pero que cuando profundizas, el interlocutor no está tan mal. Osea, que hablamos de forma negativa, pero sin terminar de creerlo, lo que no me parece muy inteligente.
Los medios de comunicación de nuestro país tienen una deuda pendiente con la gente, la de contar las cosas sin ponernos al borde del colapso. Es muy fácil, se trata tan sólo de decir la verdad sin adornos tremendistas. Sube la luz, los transportes, el gas.., pero ¿cuánto dinero implica el tanto por ciento que destacamos? ¿Y cuánto nos vamos a ahorrar con la bajada de la hipoteca? ¿nos quedamos como estábamos o salimos ganando? ¿Por qué provocar ansiedad de esta manera constante en quien ya tiene bastantes problemas en su vida diaria? Porque somos así, porque nos gusta ponerlo todo negro, porque los grandes comunicadores han llegado a la conclusión de que eso vende, aunque a todos se nos caigan los diarios de las manos.
Pero las ventas caen, y los directores siguen. A lo mejor ha llegado el momento de preguntarse ..¿y si la inteligencia fuera otra cosa?
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