Algo menos de millón y medio de personas vimos en TVE la magn´fica película sobre el juicio de Nüremberg, Vencedores y vencidos. Poco más de un diez por ciento optamos por una historia que debería ser obligatoria ver en las escuelas para que los niños reflexionaran, y entendieran de valores.
En ella se pueden extraer muchas lecciones, pero yo me quedo con el final, cuando Burt Lancaster trata de justificar su actuación como juez alegando que no sabía que el nazismo iba a llegar tan lejos, y el juez americano encarnado por Spencer Tracy le dice: "se llegó tan lejos desde el mismo momento que usted condenó a un hombre, sabiendo que era inocente".
Esa es la gran lección, que los actos tienen consecuencias, ergo uno debe ser responsable de lo que hace siempre. Esta máxima sencilla, casi tan auténtica como aquella de "30 días trae septiembre...", no nos entra en la cabeza. Ignoro si es por algún gen de aquellos que enarbolaba Arzalluz, porque nos cuesta creerlo o, simplemente, porque no nos los dicen. Pero lo cierto es que la irresponsabilidad le está quitando el puesto a la tan manoseada envidia como mal endémico de los españoles.
Lo veo cada día por la calle, en los medios de comunicación, entre mis vecinos...La capacidad de echar balones fuera va desde Mou a Mas, pasando por los banqueros, gerentes o autónomos.
Todos deberíamos tener un referente, en mi caso, mi padre, un hombre de campo con un sentido común tan preclaro y una coherencia de vida tan extraordinaria, que dejaba mudos a los intelectuales más arrogantes. Su frase preferida ante cualquier situación era siempre la misma:"dale la vuelta, cambiate de sitio y ponte enfrente, a ver cómo lo ves". Recuerdo siempre su postura ante el reparto de la herencia de mis abuelos: tres hijos, tres paquetes y un sorteo. Uno de mis tios se sintió perjudicado y mi padre no dudó en ofrecerle su parte. Fue suficiente para callarle.
Cuando uno está seguro de que está haciendo lo correcto, lo honesto, lo mejor ante las críticas, ante las movilizaciones, es ofrecerles tu parte y esperar su reacción. ¿Qué los sanitarios madrileños creen que tal y como está el sistema sí es sostenible? ¡Muy bien, aquí tenéis el presupuesto y lo administrais vosotros! Eso si, con la responsabilidad de pagar de vuestras nóminas todo el desfase. ¿Cuántos estarían entonces dispuestos a mantener sus ideas?
¿Qué hubiera pasado si los cinco magistrados de la Audiencia Nacional que decidieron excarcelar al terrorista Josu Uribetxeberria Bolinaga, pese al informe de la forense Carmen Baena de que no estaba terminal, hubieran asumido la responsabilidad de que si en un tiempo lógico no moría, perderían sus puestos? ¿Y cómo debe aceptar la sociedad que pase el tiempo y este asesino siga paseando su enfermedad terminal (si no es inmortal, efectivamente algún día terminará) cada día con mejor aspecto y con menos verguenza?
El no se arrepiente de sus crímenes y los magistrados, supongo, tampoco de su actuación. La responsabilidad de unos y otros al final no es de nadie.
¿Y la responsabilidad de los bancos cuando con el imperativo de la ley echan de su casa a la gente negándoles cualquier posibilidad de levantarse, pero olvidan convenientemente que esas casas pertenecen a una comunidad que hay que pagar?
Según el Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España, las entidades deben unos 256 millones de euros a las comunidades de vecinos por el impago de cuotas. ¿Dónde dejan ellos la responsabilidad de pagar que les piden a sus clientes endeudados?
¿Y dónde está la responsabilidad de los Bárcenas y Puyoles, capaces de enriquecerse con la crisis más atroz, cuando se descubren sus cambalaches? ¿Y la de los gestores de empresas, o de Cajas, que terminan arruinadas por ineficacia? ¿Y las de los futbolistas comprados a precio de pura sangre que resultan ser trotones? Y quien dice futbolistas, dice periodistas, economistas o artistas de cúpulas...Todos ganan siempre haciendo que otros pierdan.
Hasta que la responsabilidad no esté contemplada en nómina, comprometiendo al individuo a responder de sus malas artes ante la justicia pero con la devolución de todo el capital malversado, de todo el daño causado o de toda la arrogancia esgrimida, la sociedad seguirá huérfana de justicia, por mucha ley que nos ampare.
Por eso hay que ponerles a los niños vencedores y vencidos en la escuela, para que aprendan que los actos tienen consecuencias.
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